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¿Cuándo se vulneran tus derechos?

Tus derechos pueden verse amenazados por la acción de otros individuos, es por ello que conocerlos es la clave para evitar que esto ocurra.

 

 

Hay ocasiones en que el encuentro sexual puede provocar temor, tristeza, dolor, vergüenza, miedo, rechazo, resentimiento e incluso frustración. Estas situaciones vulneran nuestros derechos a la libre elección, al respeto, a la comunicación, a la privacidad, a la intimidad y a todo lo que tiene que ver con nuestra sexualidad. Entre estos lamentables sucesos están la violación, el acoso sexual, la violencia física o verbal y también el sometimiento de otra persona, para hacer cosas contra su voluntad o estar con alguien no deseado. Impedir el acceso a la información también es una forma de vulnerar nuestro derecho a una sana vivencia de nuestra sexualidad.

 

Por ello, es muy importante no permitir:

 

  • Que se nos niegue información y educación sobre el tema.
  • Que se nos de acceso a métodos anticonceptivos modernos y con costos accesibles.
  • Tener relaciones sexuales sin protección o sin nuestro consentimiento, que puedan ponernos en riesgo de un embarazo no esperado o de contraer una infección de transmisión sexual, como el VIH y el SIDA.
  • Recibir presión por parte de nuestras amistades o personas conocidas para tener relaciones sexuales.
  • Ser víctima de violencia o acoso sexual.
  • Ser discriminados y discriminadas o maltratados y maltratadas por sentir atracción hacia alguien de nuestro mismo sexo.

 

Derecho a la igualdad entre hombres y mujeres: Lenguaje de género.

 

Históricamente, las sociedades han creado expectativas en torno al hecho de ser mujer o ser hombre. De la mujer se espera que asuma las mayores responsabilidades en los quehaceres domésticos y la crianza de los hijos; en contrapartida, se espera de los hombres que constituyan al principal soporte económico de la familia. Además, las mujeres deben ser sensibles y delicadas. Los hombres, decididos y valientes.

 

Hoy se sabe que se nace varón o hembra (sexo) y se aprende a de varón o hembra (género). De acuerdo con la sociedad en la crecemos y nos desarrollamos se nos asignan diferentes roles que terminan definiendo nuestro papel tanto en el núcleo familiar como en el contexto social. Por ejemplo, comúnmente, si nacemos niña, nuestro juguetes estarán relacionados con el mundo doméstico y de la belleza (muñecas, cocinas, maquillaje, etc.) y si nacemos niño, nuestros juguetes promoverán la motricidad, la inteligencia, la fuerza física (carros, juegos deportivos, etc.). También los cuentos, las películas, la publicidad y las novelas tienen imágenes estereotipadas de lo femenino y lo masculino.

 

Lo cierto es que, en los tiempos que corren, tanto hombres como mujeres estamos más dispuestos a vivir nuestra vida eligiendo lo que queremos ser. Eso significa optar por la profesión, las tareas y los oficios que más nos gusten sin importar si somos hombres o mujeres. Por lo tanto, tenemos acceso a las mismas cosas y gozamos de los mismos derechos.

 

Nuestro lenguaje ayuda a reforzar los estereotipos de lo femenino y lo masculino pues, desde que nacemos, incorporamos a nuestro lenguaje cosas como “hombre” para referirnos a todas y todos, o “Día del niño” para conmemorar el día del niño y la niña. De esta manera, llega a verse como natural la inexistencia de lo femenino y no se lo toma en cuenta.

 

El lenguaje de género es aquel que reconoce la existencia de los do géneros, masculino y femenino, en las expresiones orales y escritas. De esta manera, cuando queremos referirnos a toda la sociedad, decimos hombres y mujeres, y cuando hablamos de una mujer que se graduó, pongamos por caso, en medicina, la llamamos médica.
 

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